Posteado por: maresdetinta | 02/07/2011

El Invencible, de Stanislaw Lem


FICHA

TÍTULO El Invencible
TÍTULO ORIGINAL Niezwycinezony
AUTOR Stanislaw Lem
EDITORIAL Minotauro
COLECCIÓN Kronos
AÑO PUBLICACIÓN IDIOMA ORIGINAL 1.964
AÑO PUBLICACIÓN EN ESPAÑA 1.978
AÑO DE PUBLICACIÓN EDICIÓN LEÍDA 2.002
TRADUCCIÓN M. Horne y F.A.
PÁGINAS 198
SERIE
ENCUADERNACIÓN Bolsillo
GÉNERO Ciencia-Ficción
ISBN 9788445073827
P.V.P. 7’95 €

 

NOTA: reseña aparecida originalmente en Literatura Prospectiva

Muchos de los libros de Satinslaw Lem tratan de la condición humana; de sus logros y de sus miserias. En general, más de sus miserias y de la incomprensión hacia lo desconocido que de sus logros (o, al menos, estos quedan en un segundo plano). Y El Invencible no es una excepción sino una muestra más de una de las temáticas predominantes en el autor polaco (junto con la cibernética). De lo que sí carece es del socarrón e inteligente sentido del humor del que suele hacer gala el autor en otros escritos. Por el contrario, esta novela está impregnada de un halo de pesimismo y tragedia desde el principio hasta el final.

El relato se inicia con el aterrizaje del todopoderoso crucero espacial El Invencible en el desértico planeta Regis III. La nave tiene encomendada una misión de búsqueda y rescate de su gemela la Cóndor de la que nada se sabe y con la que se perdió todo contacto. Las primeras páginas son muy descriptivas en cuanto al aterrizaje del crucero en el planeta, cómo se ponen en funcionamiento los diferentes sistemas y cómo se reanima a su tripulación de la suspensión en la que estaban inmersos para el viaje espacial. Estas páginas están cargadas de fuerza y establecen el poderío militar y la grandilocuencia de la astronave. Las nubes de polvo parecen envolvernos, la pesada masa de la nave desciende poco a poco sustentada por la fuerza de unos motores que derriten la roca bajo ellos… Las descripciones de las primeras páginas son magníficas y muy plásticas. No deja de asombrarme que se pudiera describir tal aterrizaje allá por los años sesenta.

Justo después del aterrizaje se envían las sondas y vehículos de exploración y se instaura un campo de fuerza para proteger la misión. Acto seguido comienza la búsqueda de la Cóndor y sus tripulantes.

Las descripciones de Regis III son detalladas. Lem las utiliza para aumentar la sensación de aislamiento y desesperanza de los hombres que acaban de poner el pie a tierra. Se describen valles y montañas desoladas, mares interiores y una aridez superlativa que todo lo ocupa. Pronto se establece que no hay vida terrestre pero sí acuática: unos seres inofensivos bastante primitivos de los que, en principio, nada hay que temer. Pero las cosas empiezan a empeorar cuando se descubren los restos accidentados de la misión anterior y, lo que es peor, parece no haber ningún superviviente. A partir de aquí comienza una investigación que involucra hasta el último tripulante de El Invencible.

Estos primeros descubrimientos abren paso a uno mucho más interesante e inesperado. En Regis III hay una forma de vida muy, muy extraña: unos pequeños dispositivos metálicos que se unen en forma de colonia para engendrar un ente mayor. La extrañeza de su belicoso comportamiento pone en alerta a El Invencible y todos sus ocupantes. Los repetidos intentos de establecer contacto son contestados de forma beligerante. Los primeros ataques humanos en respuesta no hacen sino aumentar la impotencia que sienten al no surtir ningún efecto en el ente alienígena y la situación empeora mucho cuando el enjambre de partículas electrónicas ataca mediante campos electromagnéticos a los humanos, sumiéndolos en una profunda amnesia y convirtiéndolos prácticamente en bebés con cuerpos de hombres. Las víctimas nada recuerdan de quiénes son y se limitan a vagar sin ningún sentido. Los más afortunados serán rescatados por sus compañeros mientras que el resto vagará por la superficie del planeta hasta perderse en el desierto hasta su incierto final.

La novela apenas tiene relleno. Todo se nos cuenta en menos de 200 páginas. Pero entre los pasajes del relato encontraremos multitud de magníficas y pormenorizadas descripciones del planeta, que no son sino una metáfora del estéril esfuerzo del hombre, primero, por comunicarse con la entidad que los acosa y, después, por combatirla. Sin embargo, estas descripciones no resultan nada pesadas. Al contrario, dotan al texto de una ambientación magnífica sumergiendo al lector en el mismo ambiente hostil que los protagonistas de la novela. Capítulo a capítulo asistimos a los diferentes esfuerzos de El Invencible por eliminar a la nube-enjambre que, de forma irreversible, terminan en fracaso. Poco a poco la situación se irá tornando más y más desesperada y el alienígena no hará sino diezmar a la tripulación, cada vez más acorralada dentro de los límites de la astronave y su campo de fuerza protector, con menos medios con los que defenderse y obtener éxito en la misión.

Casi la totalidad de la novela se mantiene sobre sus dos personajes principales. Por un lado Horpach, el comandante de El Invencible, la personificación del deber y el orden militar. Será él el que se empeñe en destruir al enjambre y el que encarne la cerrazón humana de someter al ente sin tratar de entender a fondo la situación y el entorno en que se mueven. En el texto se hace referencia a él como “el astronauta”, que le da cierto regusto clásico al libro. Y por otro lado tenemos a Rohan, el que más se expondrá a la criatura de Regis III, el que más explorará el planeta y que mejor comprenderá la situación y la inutilidad de la lucha, al entender que el ente alienígena es una máquina de supervivencia que ha refinado sus métodos a lo largo de miles de años y que el Hombre nada tiene con qué hacerle frente. Los diálogos entre ellos serán constantes, intensos e inteligentes. Al final, comprendemos que el título de la novela no hace referencia al crucero espacial.

El Invencible es ciencia ficción y aventuras un peldaño por encima de muchos otros libros del género en calidad literaria, sin que por ello pierda un ápice de interés ni sentido de la maravilla o se convierta un libro pesado o difícil de leer. Y no sólo este libro: Lem es un escritor serio, aunque en la mayoría de su obra haga uso de un fino sentido del humor y de la sátira.

Definitivamente creo que es una buena obra para iniciarse con el autor polaco. Aúna misterio, aventura, exploración planetaria y acción. Poco más se puede pedir. Una obra redonda, de fácil lectura y que mantiene el interés hasta el final. Una buena novela de ciencia ficción sin caer en tópicos y que ha envejecido muy bien. Nadie diría que fue escrita hace más de 50 años.

Por cierto, de la obra de Lem, acaba de ser reeditada hace un mes Solaris, traducida directamente desde el polaco por primera vez, en una preciosa edición de la editorial Impedimenta. Ésta seguro que pasará a formar parte de mi biblioteca próximamente.

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Responses

  1. znakomita recenzja.


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